El agroturismo en América Latina enfrenta un momento clave: la demanda global por experiencias rurales auténticas crece a tasas aceleradas y la región tiene atributos únicos para capitalizarla.
El campo volvió a ponerse de moda, esta vez como destino real y no como evocación del pasado. Una tendencia que los grandes operadores de turismo mundial bautizaron como farm charm —el encanto del campo— está impulsando el agroturismo en América Latina y redefiniendo cómo y dónde eligen pasar su tiempo libre millones de personas.
El dato más contundente viene del informe Unpack ’26, el reporte anual de tendencias de viaje de Expedia Group. Según sus cifras, las menciones de experiencias relacionadas con campos y entornos rurales en las reseñas de usuarios de Vrbo —plataforma líder en arriendo vacacional— crecieron 300% en comparación al año anterior. Más revelador aún: el 84% de los viajeros encuestados declaró tener interés en hospedarse en o cerca de campos rurales durante 2026. El estudio fue realizado con 24.000 encuestados en 18 países.
Las actividades más buscadas dentro de este perfil de viaje son el senderismo (73%), la interacción con animales de campo como recoger huevos o alimentar animales (62%) y la participación en cosechas o tareas de huerta (42%).
“La tendencia del farm charm refleja el deseo de los viajeros por algo que no pueden obtener en ningún otro lugar”, señaló Melanie Fish, vicepresidenta de Comunicaciones de Expedia Group, al presentar el informe.
Más que turismo: una señal cultural
El fenómeno no es casual. Expertos en comportamiento del consumidor lo enmarcan dentro de una reacción más amplia frente a la saturación digital y el ritmo acelerado de las ciudades. A medida que la vida cotidiana se vuelve más dependiente de las pantallas, los entornos rurales —con sus ciclos naturales, su silencio y su vínculo directo con los alimentos— se convierten en un contrapeso atractivo.
Esta búsqueda de desconexión también se expresa en una tendencia paralela: el turismo de bienestar en zonas rurales, que crece con fuerza entre generaciones más jóvenes. Según proyecciones del mercado global de turismo rural, el sector partió desde los 113 mil millones de dólares en 2025 y se proyecta que alcance los 210 mil millones de dólares en 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 8%.
América Latina, entre la oportunidad y el desafío
La región enfrenta este fenómeno desde una posición privilegiada. Su biodiversidad, la variedad de sus paisajes agrícolas y la riqueza cultural de sus comunidades rurales la convierten en un destino natural para el viajero que busca autenticidad.
Un informe de la Universidad Externado de Colombia sobre turismo en América Latina confirma que los viajeros internacionales —especialmente las generaciones más jóvenes— valoran cada vez más el respeto al medioambiente, la autenticidad cultural y el contacto con la naturaleza. Países como Costa Rica, Ecuador, Chile y Colombia ya se posicionan como referentes de turismo de naturaleza y ecoturismo en el escenario global.
El turismo interno también se ha fortalecido. La pandemia demostró que las poblaciones latinoamericanas pueden y quieren redescubrir sus propios territorios, y esa tendencia no retrocedió. En palabras del mismo reporte, esta dinámica es “clave para diversificar la oferta, reducir la dependencia de mercados internacionales” y consolidar economías locales.
Sin embargo, la región todavía enfrenta barreras estructurales. Alrededor del 30% de la expansión del agroturismo se ve limitada por déficits de infraestructura y acceso restringido a servicios modernos en zonas rurales, de acuerdo con análisis del mercado global del sector.
Chile y el agroturismo en América Latina: el sur como destino emergente
En Chile, el fenómeno tiene expresión propia. La migración desde ciudades hacia zonas rurales del sur del país ha crecido de manera sostenida en los últimos 30 años, según el proyecto Fondecyt “Al campo me voy”, que ejecuta la Universidad Católica de Temuco. La investigación —que suma más de 50 entrevistas en terreno— busca caracterizar a quienes protagonizan este desplazamiento y analizar cómo transforman los paisajes y las comunidades que los reciben.
El sur de Chile, con sus valles precordilleranos, sus praderas y su patrimonio agroalimentario, reúne atributos que calzan con precisión en la definición del farm charm: entornos naturales de alta calidad, actividades agrícolas accesibles para el visitante y una oferta gastronómica con identidad territorial.
El desafío para el sector es convertir ese interés creciente en una industria ordenada. Ordenar la ocupación del territorio rural, fortalecer la infraestructura de conectividad y desarrollar productos turísticos con participación de las comunidades locales son condiciones que los expertos consideran indispensables para que la tendencia se traduzca en desarrollo real y no solo en una moda pasajera.
Una oportunidad concreta para los productores del agroturismo en América Latina
El farm charm no es solo una tendencia para hoteleros y agencias de viaje. Para los agricultores y productores rurales, representa una fuente de ingresos complementaria que puede cambiar la ecuación económica del predio. Un productor de miel, frutas, vinos o quesos artesanales que abre sus puertas a visitantes amplía su negocio: además de su producto, vende la experiencia de producirlo. Esa experiencia, bien ejecutada, tiene un valor percibido muy superior al del producto en góndola. Rutas del vino, visitas a huertos, noches en cabañas con desayuno de campo y actividades de cosecha son formatos que ya funcionan en varias regiones de Chile y que tienen espacio para crecer con mayor profesionalismo y difusión digital.
La clave está en que los propios agricultores sean protagonistas de esta oferta y no queden al margen de la cadena de valor. Para eso, el rol del Estado —a través de organismos como INDAP, Sernatur y los gobiernos regionales— es fundamental: facilitar financiamiento para infraestructura básica, apoyar la certificación de servicios turísticos rurales y conectar a los productores con plataformas de comercialización como Airbnb, Vrbo o Booking, donde la demanda ya existe y sigue creciendo. La oportunidad no espera: los viajeros que buscan campos están reservando hoy, y quien no esté visible en esas plataformas sencillamente no existe para ellos.
Fuentes: Expedia Group / Vrbo, Unpack ’26 Travel Trends Report; Universidad Externado de Colombia, Situación y Perspectiva del Turismo en Latinoamérica 2025; Business Research Insights, Rural Tourism Market 2025-2033; Universidad Católica de Temuco, Proyecto Fondecyt “Al campo me voy”, septiembre de 2025; Geute Conservación Sur.
