Durante décadas quedaron relegadas a un segundo plano frente al ganado vacuno, los cerdos y las aves, pero las cabras están teniendo su momento en Estados Unidos. Según datos del propio Departamento de Agricultura de ese país (USDA), el sector caprino es hoy uno de los segmentos ganaderos de mayor crecimiento del país, y cada vez más pequeños y medianos agricultores están apostando por él como negocio.
Lo que dicen los números
Según el USDA, Estados Unidos cuenta hoy con cerca de 2,6 millones de cabezas de cabras distribuidas en unas 136.000 explotaciones repartidas en los 50 estados, siendo Texas el estado con más cabezas y Wisconsin el líder en cabras lecheras. Lo llamativo no es tanto el tamaño del rebaño nacional, sino su ritmo de crecimiento: el número de explotaciones caprinas está aumentando más rápido que el número de cabras, lo que indica que el fenómeno está impulsado sobre todo por nuevos productores entrando al negocio, más que por operaciones ya existentes creciendo en tamaño.
El segmento lechero es el que más está creciendo dentro de la industria: entre 2007 y 2017, el número de cabras lecheras aumentó un 61%, y la proporción de explotaciones caprinas dedicadas principalmente a la producción de leche pasó de un 11,9% en 2009 a un 18,7% en 2019, según el propio censo del USDA. Las cabras de carne, por su parte, siguen representando la mayoría del rebaño nacional, con cerca de un 79% del total.
Quién está impulsando la demanda
Buena parte de este crecimiento tiene una explicación demográfica y cultural. Según reportó recientemente The Washington Post, el aumento en el consumo de carne de cabra en Estados Unidos está fuertemente ligado al crecimiento de las comunidades hispana, musulmana y africana en el país, para quienes este tipo de carne forma parte habitual de su dieta y sus tradiciones culinarias. Especialistas de la Extensión Cooperativa de Virginia Tech han señalado que la demanda y los precios de la carne de cabra han subido con fuerza en los últimos años, en un contexto donde se trata de una carne popular a nivel mundial y cada vez más solicitada localmente a medida que crece la población inmigrante en distintas regiones del país.
A esa demanda de consumo se suma el crecimiento del mercado de leche de cabra, que según la consultora Persistence Research pasaría de un valor global de US$13.100 millones en 2026 a US$18.700 millones hacia 2033, en momentos en que la categoría se posiciona cada vez más como un producto de nutrición premium, ligado a tendencias de bienestar digestivo y consumo de lácteos alternativos.
Los precios no han dejado de subir
La presión de la demanda también se refleja en el bolsillo. Según Jake Thorne, especialista en ovinos y caprinos de la Extensión Agrícola de Texas A&M, el precio promedio de la carne de cabra ha subido de forma sostenida durante la última década: de cerca de US$2 por libra hace diez años a un promedio actual de US$3,50 por libra, un alza de 75%. Thorne explica que estos precios no son parejos durante todo el año: suelen dispararse antes de fechas religiosas y culturales en las que la carne de cabra es un plato tradicional, mientras que a mediados del verano estadounidense —justo después del feriado del 4 de julio— suele registrarse el punto más bajo del mercado, con caídas de hasta US$1 por libra.
Esa estacionalidad tiene una explicación directa: buena parte de la demanda está ligada al calendario de celebraciones religiosas de las comunidades musulmana y de otras confesiones que consumen carne de cabra en fechas específicas, como durante el Ramadán, además de festividades hispanas y africanas donde este tipo de carne también es protagonista.
Un mercado que todavía depende fuertemente de las importaciones
Pese al crecimiento sostenido, la producción interna de Estados Unidos sigue muy por detrás de la demanda: según estimaciones del Servicio Agrícola Exterior del USDA, la producción doméstica de carne de cabra cubre apenas cerca de un 30% del consumo del país, mientras el resto se cubre con importaciones, principalmente desde Australia y Nueva Zelanda. En términos de tamaño, distintas consultoras de mercado sitúan el valor del mercado estadounidense de carne de cabra en un rango cercano a los US$190-195 millones anuales actualmente, con proyecciones de crecimiento moderado pero sostenido hacia la próxima década. Esa brecha entre lo que Estados Unidos consume y lo que hoy produce internamente es, en el fondo, la oportunidad de negocio que está atrayendo a nuevos productores hacia la actividad caprina.
Un negocio con otro atractivo: la limpieza de terrenos
Además de la producción de carne y leche, las cabras se están volviendo populares por un uso que no tiene relación directa con la alimentación: el control ecológico de malezas. Cada vez más propietarios de terrenos urbanos y rurales están recurriendo a rebaños de cabras como alternativa natural para eliminar vegetación no deseada, en reemplazo de herbicidas químicos o de maquinaria a combustible, lo que suma un ingreso adicional para los productores que ofrecen este servicio.
Es un negocio rentable, pero no sencillo
Distintos reportes coinciden en que la crianza de cabras puede ser un negocio rentable: los pequeños productores suelen obtener márgenes de ganancia de entre 10% y 20%, mientras que las operaciones más grandes y eficientes, con mejor acceso a mercado, pueden llegar a márgenes de entre 25% y 35%. Sin embargo, especialistas consultados por medios estadounidenses advierten que no es un negocio sin obstáculos: se necesita un modelo de negocio cuidadosamente planificado, considerando costos como el traslado de los animales, cercos portátiles, agua y alimentación suplementaria, y refugio adecuado. Estados Unidos, además, enfrenta una escasez de veterinarios especializados en animales grandes, y la mayoría de los estados exige que las operaciones lecheras comerciales mantengan una relación establecida con un veterinario, lo que puede ser un desafío adicional dado ese déficit.
Aun con esas dificultades, la tendencia de fondo parece firme: la industria caprina estadounidense lleva creciendo de forma sostenida durante la última década, e incluso hay estados como Vermont donde se están registrando esfuerzos activos para transformar explotaciones lecheras de vacas en explotaciones lecheras de cabras, en busca de este nicho que, aunque todavía pequeño frente a la industria ganadera tradicional, muestra señales claras de estar dejando de ser un negocio marginal.
por José Rios
