Torres de madera de 180 metros, ladrillos cultivados por bacterias, hormigón que sella sus propias grietas y ciudades que exigen más árboles ya no son solo ideas. Pero construir como la naturaleza está en etapa temprana en la mayoría de los materiales, y las normas y los costos definirán cuántos llegarán a las calles.
Construir y mantener edificios es una de las actividades con mayor huella ambiental, y por eso la industria mira a la naturaleza: sus materiales, sus procesos y su forma de organizarse. Construir como la naturaleza significa usar madera, hongos, bacterias y plantas, y también diseñar ciudades donde el verde sea parte de la infraestructura. Estos son los avances más concretos, con lo que está probado y lo que falta.
La madera masiva ya llegó a los rascacielos
La madera masiva (paneles y vigas de madera laminada) es la tecnología más avanzada. El 24 de julio de 2026, la torre Atlassian Central, en Sídney, alcanzó su altura final de 180 metros, y se convirtió en el rascacielos de madera híbrida más alto del mundo. Duplica el récord anterior, el edificio Ascent de Milwaukee, de 86,6 metros y 25 pisos. Combina un núcleo de hormigón, una estructura exterior de acero y unos 10.000 metros cúbicos de madera. Su equipo proyecta una reducción del 50% del carbono incorporado frente a una torre de oficinas convencional, y se espera que termine a fines de 2026.
Un metaanálisis de 18 comparaciones en cuatro continentes encontró que construir edificios de mediana altura con madera masiva reduce un 69% las emisiones de la etapa de construcción, unos 216 kilos de CO2 equivalente por metro cuadrado. Un estudio de 2020 estimó que las ciudades de madera podrían almacenar entre 0,01 y 0,68 gigatoneladas de carbono al año. Pero otro trabajo advirtió que los bosques manejados de forma sostenible no alcanzarían para toda la demanda mundial, y estimó que los materiales de origen biológico podrían cubrir menos del 14%.
Materiales que se cultivan
Una segunda ola busca producir materiales con organismos vivos. La empresa Ecovative, de Nueva York, fabrica espuma y paneles a partir de micelio, la raíz de los hongos. Cerró en marzo de 2025 una ronda Serie E, con unos US$184 millones recaudados en total, según Tracxn. Biomason, de Carolina del Norte, “cultiva” cemento con bacterias, a temperatura ambiente, y levantó US$65 millones en una Serie C. Con la empresa StoneCycling creó baldosas con 15% de biocemento, que según la propia compañía emite un 5% de lo que emite el cemento convencional. El cemento con microalgas, de la empresa Prometheus Materials, sigue en desarrollo.
Una revisión de 2026 sobre materiales de origen biológico en la Unión Europea distingue grados de madurez. La madera de ingeniería, el aislante de celulosa, los paneles de fibra de madera, el corcho y el cáñamo mezclado con cal (hempcrete, solo como relleno, no estructural) tienen durabilidad bien documentada, y sus barreras son institucionales y económicas. Los compuestos de micelio, en cambio, aún no tienen caracterización sistemática para uso en construcción.
Hormigón que se repara solo
La investigación de la Universidad Técnica de Delft (Países Bajos) incorpora esporas de bacterias y un nutriente en el hormigón. Si entra agua por una grieta, las bacterias se activan y producen caliza que la sella. La empresa Basilisk, nacida de esa investigación, la prueba en proyectos piloto. En laboratorio, el sellado va desde fisuras de décimas de milímetro hasta cerca de 1 milímetro, según la mezcla. En 2025 y 2026, la Universidad de Bath ensayó en un tramo de carretera un panel de hormigón con bacterias y comprobó que no afectaban las propiedades básicas del material.
Construir como la naturaleza, con matices
El ejemplo más citado es el Eastgate Centre, en Harare (Zimbabue), diseñado por Mick Pearce con Arup, que se ventila sin aire acondicionado, con un sistema inspirado en los termiteros. El Biomimicry Institute afirma que usa 90% menos energía en ventilación, y la firma de Pearce, 35% menos energía total que seis edificios comparables. Los científicos advierten que los termiteros reales funcionan distinto del modelo de “chimenea” que inspiró el diseño. La imitación fue una guía, no una copia.
Ciudades con naturaleza integrada
El Bosco Verticale de Milán (2014), dos torres de 26 y 18 pisos con unas 13.000 plantas, entre ellas unos 700 árboles, mostró que se puede llevar el bosque a la fachada. También recibió críticas por su alto costo de construcción y mantenimiento y por dirigirse a un mercado exclusivo.
A escala de ciudad, Singapur había plantado más de 832.000 árboles a enero de 2026, en camino a su meta de un millón para 2030, y tenía 229 hectáreas de vegetación en techos y fachadas a fines de 2024, sobre su meta de 200 para 2030. En la Unión Europea, la ley de restauración de la naturaleza exige que no haya pérdida neta de espacios verdes ni de arbolado urbano entre 2024 y 2030, y un aumento desde 2031, incluso integrándolos en edificios e infraestructura. Pero solo siete países presentaron a tiempo, el 1 de septiembre de 2026, sus borradores de planes nacionales.
Lo que empujará el cambio
La norma europea de eficiencia de edificios obligará a calcular y declarar las emisiones de todo el ciclo de vida de los edificios nuevos de más de 1.000 metros cuadrados desde 2028, y de todos desde 2030. Los países deben publicar antes de 2027 una hoja de ruta con límites de emisiones. Eso favorece a los materiales de bajo carbono, como la madera.
Lo que falta
Los costos, el abastecimiento forestal, los códigos de construcción y la madurez de cada material marcarán el ritmo. Construir como la naturaleza avanza más rápido en la madera y en las normas que en los materiales cultivados, que todavía son pequeños. Que las ciudades “sean parte de la naturaleza” dependerá menos de una tecnología que de que las normas, los precios y el diseño empujen en la misma dirección.
Fuentes: New Atlas, Thornton Tomasetti, Comisión Europea, Parlamento Europeo, REHVA, Tracxn, Architect Magazine, Resources (MDPI), Nature Sustainability, Potsdam Institute, University of Bath, Interesting Engineering, IDTechEx, Biomimicry Institute, AIPH, NParks, Eunews, ENDS Europe, The Online Citizen.
por José Rios
