La economía chilena creció 2,5% en 2025, en línea con lo esperado por el mercado y dentro de los rangos proyectados por el Banco Central. El dato confirma un año de recuperación, pero también instala una pregunta clave para 2026: cuánto de ese impulso fue sostenible y cuánto respondió a factores más puntuales.
Según las Cuentas Nacionales Trimestrales del Banco Central, el crecimiento anual de 2025 se explicó por el mejor desempeño de la demanda interna, impulsada tanto por la inversión como por el consumo. Al mismo tiempo, las exportaciones e importaciones de bienes y servicios aumentaron, aunque con un efecto neto negativo sobre la actividad del año.
Cuarto trimestre: más exportaciones, pero una demanda interna más débil
El cierre del año mostró una señal mixta. De acuerdo con el Banco Central, el crecimiento trimestral del PIB en el último cuarto de 2025 se explicó por una aceleración de las exportaciones, mientras que la demanda interna cayó frente al trimestre anterior, afectada por la variación de existencias. Eso sugiere que la economía terminó el año con un impulso más apoyado en el sector externo que en la fortaleza del mercado interno.
Ese matiz importa. Aunque el resultado anual cumple con las expectativas, el detalle del cuarto trimestre muestra que la base del crecimiento no fue completamente homogénea. En otras palabras, Chile cerró 2025 mejor de lo previsto meses atrás, pero no necesariamente con una expansión amplia en todos sus motores.
Un crecimiento que confirma recuperación, pero en un escenario todavía frágil
El propio Banco Central venía anticipando una expansión cercana a 2,5% para 2025 y 2026 en su IPoM de diciembre de 2025, apoyada por una mejora en la confianza del consumidor y en la masa salarial. Sin embargo, también había advertido que parte del mejor desempeño de 2025 respondió a un inicio de año más dinámico y a factores que podrían ir perdiendo fuerza.
A eso se suma el escenario político y fiscal. Reuters reportó esta semana que el nuevo gobierno de José Antonio Kast ordenó recortes de gasto cercanos a US$4.000 millones para enfrentar la presión sobre las cuentas públicas, en una señal de mayor disciplina fiscal que podría ayudar a la sostenibilidad macroeconómica, pero que también tensiona el margen para impulsar actividad desde el Estado.
Qué significa este dato para el mundo productivo
Para los sectores productivos, el crecimiento de 2,5% es una buena noticia, pero no una garantía. La lectura de fondo es que Chile evitó un escenario débil y logró cerrar 2025 con expansión, pero entra a 2026 con varios desafíos abiertos: menor holgura fiscal, presión de costos externos y una economía que sigue dependiendo en parte del desempeño exportador. Esta es una inferencia basada en los datos de Cuentas Nacionales y en el ajuste fiscal reportado por Reuters.
En el caso del agro, esa lectura es especialmente relevante. Si el crecimiento se sostiene, puede favorecer consumo, inversión y actividad logística. Pero si el impulso externo pierde fuerza o los costos siguen altos, sectores como la agricultura, la agroindustria y la exportación de alimentos podrían enfrentar un 2026 más exigente, con menos espacio para absorber shocks de energía, fletes o tipo de cambio. Esto último es una inferencia económica razonable a partir del patrón de crecimiento apoyado en exportaciones y del contexto global reciente.
Exportaciones: el dato que más mira el agro
El detalle del cuarto trimestre deja una señal particularmente importante para un medio como Diario Agrícola: el empuje de las exportaciones siguió siendo decisivo. En una economía como la chilena, donde la fruta, los alimentos procesados y otras cadenas agroexportadoras dependen del comercio exterior, que el crecimiento termine el año apoyado en ventas externas es una señal positiva, aunque también revela dependencia de un entorno internacional que hoy sigue siendo volátil.
El crecimiento de 2,5% del PIB chileno en 2025 confirma que la economía tuvo un mejor desempeño que en años recientes y cumplió con las expectativas. Pero el cierre del año también deja una advertencia: el impulso no fue parejo, y parte importante del avance descansó en las exportaciones más que en una demanda interna sólida.
Para 2026, el desafío ya no será solo crecer. Será crecer con más base, más inversión sostenida y mayor capacidad de resistir un escenario internacional todavía incierto. Y ahí, el mundo productivo —incluido el agro— volverá a ser una pieza clave.
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