China se comprometió a comprar al menos US$17.000 millones anuales en productos agropecuarios estadounidenses hasta 2028, restauró el acceso a carne bovina y aves, y en el proceso reordenó los flujos comerciales del mayor importador agroalimentario del planeta. Para los países que llenaron ese vacío durante la guerra comercial, el escenario cambió.


China acordó incrementar sus compras de productos agrícolas estadounidenses —incluyendo carne bovina y aves— a una tasa anualizada de US$17.000 millones para 2026, manteniéndola en ese nivel durante 2027 y 2028, según anunció la Casa Blanca dos días después de que el presidente Donald Trump regresara de una cumbre de alta apuesta en Beijing donde buscó aliviar el impacto de la guerra comercial sobre los agricultores estadounidenses. El compromiso es adicional al acuerdo de compra de soja alcanzado en la cumbre Trump-Xi en Corea del Sur en octubre pasado, en que China se comprometió a adquirir al menos 87 millones de toneladas métricas de soja estadounidense.

En términos concretos, China renovó las habilitaciones vencidas de más de 400 plantas procesadoras de carne bovina de EE.UU. —entre ellas instalaciones de Tyson y Cargill— y reanudó las importaciones de carne aviar desde los estados que el USDA certifique como libres de influenza aviar de alta patogenicidad. Los dos países también acordaron crear nuevos organismos bilaterales de comercio e inversión, y avanzar en reducciones arancelarias recíprocas sobre una gama específica de productos, sin precisar cuáles.

El derrumbe previo

Para entender la magnitud del giro, hay que dimensionar primero la caída. Los datos del USDA muestran que las importaciones chinas de productos agrícolas estadounidenses alcanzaron su peak en 2022 con US$38.000 millones, incluyendo casi US$18.000 millones en soja, pero se desplomaron a US$8.000 millones en 2025. Las exportaciones de carne bovina de EE.UU. a China habían llegado a US$1.950 millones en 2022 y se mantenían en US$1.500 millones en 2024, antes de caer a US$468 millones en 2025. En el caso de las aves, las exportaciones estadounidenses de carne de pollo y sus derivados cayeron desde más de US$1.000 millones en 2022 a apenas US$286 millones en 2025.

Los compromisos actuales son menos ambiciosos que los del Acuerdo de Fase 1 de 2020, cuando Trump firmó un pacto en que China se comprometía a comprar hasta US$40.000 millones anuales en productos agrícolas, meta que nunca alcanzó del todo pero que sí resultó en las cifras récord de 2022.

El vacío que llenó Sudamérica

Lo que EE.UU. perdió durante la guerra comercial no desapareció: se redistribuyó. China, reconociendo el vínculo entre seguridad alimentaria y seguridad nacional, diversificó sus fuentes de importación de soja, carne y otros productos agropecuarios, volcándose crecientemente hacia Brasil, Argentina y otros países en detrimento de EE.UU. Beijing suscribió contratos de suministro de largo plazo con proveedores sudamericanos, entregando a esos países un posicionamiento estratégico en los mercados proteicos globales. Ese espacio ganado no se cederá automáticamente: Brasil y Argentina ya construyeron infraestructura comercial, relaciones institucionales y capacidad logística orientadas al mercado chino que no desaparecen con un comunicado de la Casa Blanca.

Para Chile, el escenario tiene una lectura de doble faz. Por un lado, el retorno de EE.UU. al mercado chino presionará los precios internacionales de proteínas animales, con efectos sobre los márgenes de los sectores avícola y bovino locales. Por otro, la mayor demanda china por alimentos de calidad —impulsada por el crecimiento de su clase media urbana— ha sido históricamente un factor de expansión para las exportaciones chilenas de frutas, vinos, mariscos y productos lácteos. Un China más activo en la compra de alimentos globales beneficia, en términos generales, a todos los proveedores del mundo.

Incertidumbre sobre Beijing

El acuerdo tiene un asterisco relevante. La Casa Blanca detalló compromisos que el Ministerio de Comercio chino no confirmó en los mismos términos: Beijing habló de “resolver o hacer progresos sustanciales” en barreras no arancelarias, sin mencionar montos ni soja específicamente, mientras que el comunicado estadounidense precisó cifras y plazos concretos. Deborah Elms, directora de política comercial de la Hinrich Foundation en Singapur, señaló que los comunicados sobre la cumbre deben tratarse con cautela hasta que el lado chino los confirme en sus propios términos.

No es un antecedente menor: en el Acuerdo de Fase 1 de 2020, China tampoco alcanzó las metas pactadas. La historia recomienda distinguir entre lo anunciado y lo ejecutado.

El contexto más amplio

El acuerdo agrícola es solo uno de los capítulos del entendimiento Beijing-Washington. China también acordó la compra de 200 aviones Boeing —las primeras adquisiciones de aeronaves estadounidenses desde 2017— y ambas partes acordaron reunirse nuevamente en territorio estadounidense en septiembre. Para los agricultores de EE.UU., el alivio llega en un momento de presiones múltiples: la guerra entre EE.UU., Israel e Irán ha restringido el tráfico comercial por el estrecho de Ormuz, un corredor vital para el comercio global de fertilizantes, encareciendo los insumos y comprimiendo los márgenes del sector.

El pacto de Beijing no resuelve todo eso. Pero para el mapa del agro global, reordena piezas que llevaban cuatro años fuera de lugar.

Fuentes: ABC News, DTN Progressive Farmer, CNBC, Al Jazeera, Fortune, The Washington Times, NaturalNews y Reuters.