El precio del crudo Brent cotiza esta semana en el entorno de los 72 y 73 dólares por barril, acumulando una baja de 42% desde los máximos registrados durante el período de mayor tensión en el conflicto de Medio Oriente. El descenso contrasta de forma marcada con la montaña rusa que vivieron los mercados energéticos en los últimos cuatro meses, y llega en un momento en que la economía chilena busca recuperar dinamismo tras un primer trimestre golpeado por la inflación y el alza histórica de los combustibles.
El petróleo partió 2026 en torno a los 68 dólares por barril. Con el inicio del conflicto armado y el bloqueo del Estrecho de Ormuz a fines de febrero, el Brent subió un 10% en una sola sesión, llegó a rozar los 120 dólares y en todo marzo acumuló una subida del 63%, su mayor incremento mensual desde 1988. Desde entonces, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y la reapertura gradual del estrecho han permitido que el crudo retroceda hasta niveles cercanos a los previos al conflicto.
Ese ciclo de alzas tuvo consecuencias directas y dolorosas para los hogares chilenos. El 26 de marzo de 2026, el gobierno del presidente José Antonio Kast registró el mayor ajuste de precios de combustibles desde 1973: la bencina subió 370 pesos por litro y el diésel 580 pesos por litro, como consecuencia del colapso del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) ante un shock externo sin precedentes. El alza se trasladó a alimentos y bienes, elevando las proyecciones de inflación anual a entre un 4,2% y un 4,4%, y la UF superó los 40 mil pesos, afectando especialmente a los hogares más vulnerables.
El impacto en los precios de los alimentos fluctuó entre un 5% y un 10%, dependiendo principalmente de la distancia entre los centros de producción y los puntos de venta, con productos perecibles como frutas y verduras experimentando alzas de forma casi inmediata. El transporte de carga, que mueve estimativamente el 98% de los bienes físicos del país, también encareció sus tarifas, profundizando el efecto en la cadena de distribución.
Ahora, con el petróleo en descenso, el alivio en los costos de combustible, transporte y energía debería comenzar a sentirse gradualmente. El Banco Central de Chile advirtió que el descenso del precio del petróleo debería reflejarse en el IPC en el corto plazo, sin descartar incluso registros menores a cero en algunos meses.
Sin embargo, la misma caída del crudo arrastra consigo los precios internacionales de los commodities. Cuando el petróleo baja, el atractivo económico de los biocombustibles disminuye, lo que aumenta la oferta disponible de materias primas para consumo, y ese efecto tiende a deprimir las cotizaciones de cereales y oleaginosas en los mercados globales.
Para el sector agrícola chileno, la ecuación es compleja. Los menores costos de combustible alivian las faenas de campo, el riego tecnificado y el transporte de productos desde las zonas de producción hacia los puertos. Pero al mismo tiempo, la caída del petróleo presiona a la baja los precios internacionales de referencia de los commodities agrícolas, reduciendo el valor de las exportaciones. El resultado final para el productor dependerá de cuál de las dos fuerzas se imponga primero, en un contexto donde la normalización del tráfico por el Estrecho de Ormuz sigue siendo parcial y la volatilidad energética global no da señales claras de haberse disipado.
