IKEA se comprometió a eliminar el plástico de un solo uso de todos sus empaques para 2028. Detrás de esa meta hay una estrategia de economía circular que ya convierte residuos agrícolas y subproductos de madera en materia prima, con un caso destacado en India que además ayuda a combatir la contaminación del aire.
La compañía sueca IKEA avanza en uno de los compromisos de sostenibilidad más ambiciosos de la industria del mueble: eliminar por completo el plástico de un solo uso de sus soluciones de empaque para consumidores. La meta, anunciada formalmente por la empresa, contempla que todo el nuevo catálogo de productos esté libre de plástico en su empaque para 2025, y que el catálogo completo, incluyendo los productos ya en circulación, lo esté para 2028.
Una meta que ya está casi cumplida
El punto de partida de IKEA no es menor: según cifras de la propia empresa, hoy menos del 10% del volumen total de material de empaque que usa anualmente corresponde a plástico. El resto ya se compone de materiales renovables o reciclados, principalmente papel y fibra de madera. La estrategia de la compañía no apunta a reemplazar el plástico por un único material sustituto, sino a diversificar fuentes: además de fibra de papel, IKEA mantiene un programa activo de búsqueda de startups y empresas en etapa de escalamiento que desarrollen nuevos materiales de empaque, según explicó Maja Kjellberg, responsable de innovación en empaques de la compañía.
Residuos agrícolas convertidos en materia prima: el caso de India
Uno de los ejemplos más concretos de esta estrategia de economía circular es la iniciativa “Better Air Now”, lanzada por IKEA en India en 2018. El programa nació para atacar un problema ambiental muy específico de esa región: la quema de rastrojo de arroz que realizan los agricultores del norte de India, especialmente en los estados de Punjab, Haryana y Uttar Pradesh, tras la cosecha, para preparar rápidamente sus campos para la siguiente siembra de trigo. Esa práctica es una de las principales causas del smog que cubre Nueva Delhi cada invierno; según estimaciones del gobierno indio, la quema de rastrojo agrícola explica hasta una cuarta parte de la contaminación del aire de la capital en esa temporada.
A través de este programa, IKEA comenzó a comprarles directamente la paja de arroz sobrante a los agricultores de la región, en lugar de que la quemaran, y la convirtió en materia prima renovable para sus productos. El resultado comercial fue la colección FÖRÄNDRING, lanzada en 2020, que llegó primero a tiendas de India y ese mismo año se expandió a Alemania, Suecia, Polonia y España. IKEA además se sumó como actor a la Iniciativa Agrícola de la Coalición sobre Clima y Aire Limpio, con la ambición declarada de replicar este modelo de compra de residuos agrícolas en otras regiones del mundo afectadas por la quema de rastrojo.
Madera y fibra: el otro pilar de la circularidad
El segundo gran frente de la economía circular de IKEA está en su propia cadena de producción de muebles. Buena parte de su catálogo, incluyendo piezas icónicas fabricadas en tableros de partículas y de fibra, se produce a partir de restos de madera —aserrín, virutas y recortes— que no son aptos para muebles sólidos, un modelo que reduce el desperdicio de materia prima dentro de la propia operación industrial de la compañía.
Una tendencia que crece con fuerza en India
El caso indio de IKEA no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia. India genera unos 140 millones de toneladas de residuo de paja de trigo al año, y su mercado de biopolímeros —plásticos de origen biológico fabricados a partir de residuos como el bagazo de caña, la cáscara de arroz y la fibra de yute— fue valorado en US$652 millones en 2024, con una proyección de crecer hasta US$2.090 millones para 2033. La cáscara de arroz y el bagazo de caña de azúcar, en particular, ya son materias primas consolidadas para fabricar tableros de partículas y de fibra de densidad media en ese país.
Una economía circular con beneficios que van más allá del empaque
El caso de IKEA en India ilustra bien el potencial de este tipo de estrategias: al comprarles a los agricultores un residuo que antes se quemaba, la empresa no solo consigue materia prima renovable para sus propios productos, sino que también contribuye a reducir un problema de salud pública real, la contaminación del aire en una de las regiones más afectadas del mundo. Es un ejemplo de cómo la economía circular, cuando conecta directamente a una gran industria con el campo, puede generar valor en ambas direcciones: menos residuos para quemar y más materia prima renovable para fabricar.
por Juan Lagos
