El dirigente Sebastián Naveillán, quien está próximo a cumplir seis años al frente del gremio de agricultores de Malleco, conversó con Diario Agrícola sobre los desafíos de liderar al sector agrícola en una de las zonas más golpeadas por el conflicto en La Araucanía, los avances registrados en materia de seguridad durante su gestión y las expectativas que existen hoy en torno al nuevo Gobierno.
Proveniente de una familia ligada históricamente al agro de Malleco, Naveillán asumió la presidencia de la Asociación de Agricultores de Malleco A.G. en 2019 y fue reelecto en 2024, cargo que ejerce hasta la actualidad. Su gestión gremial lo ha llevado además a integrar la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento, instancia de la que se retiró como el único comisionado en rechazar la propuesta final, y a posicionarse públicamente en distintos medios nacionales sobre temas como la efectividad de la Ley Antiterrorista frente a los atentados incendiarios en la zona. Es sobrino de la diputada Gloria Naveillán, con quien comparte, según ha señalado, la convicción de defender con firmeza los intereses de la región.
A continuación, la conversación completa con Diario Agrícola.
¿Puedes contarnos a qué te dedicas y cómo se relaciona tu labor con la agricultura de la zona?
Hoy en mi calidad de presidente de los agricultores de Malleco, ya voy a cumplir seis años liderando el gremio en una zona bastante compleja, con distintas dimensiones. Cuando llegué, la región de La Araucanía, especialmente Malleco, era considerada la zona roja del conflicto, y nuestra principal misión, encomendada por el directorio, fue liderar la defensa del mundo agrícola de los socios.
Trabajamos con fuerza durante tres o cuatro años en temas de seguridad con distintos organismos. En ese tiempo aún no existía el estado de excepción, pero sí había coordinación con Carabineros y el gobierno de turno. Hoy, gracias a Dios, el tema de la inseguridad ha bajado, y eso nos ha permitido desplegarnos en otras esferas desde el mundo gremial, avanzando también en temas sociales.
Como sector privado y actividad primordial de la región, tenemos que ser actores relevantes junto a todo el mundo rural y nuestros vecinos de los campos. La Araucanía es una región súper postergada, una de las más pobres de Chile, así que hoy estamos en la línea de impulsar el desarrollo y el progreso de todo el sector rural.
Eso nos tiene participando en Fedecarne, en el Consorcio Agrícola del Sur -del que soy vicepresidente-, y en distintas actividades tanto en la región como en Santiago. En ese camino me tocó también participar en la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento del presidente Boric, donde voté en contra de la propuesta final -fui el único en hacerlo- porque no entregaba certeza de que el conflicto fuera a terminar y solo exigía más al sector agrícola. Entré convencido de que si existían las condiciones para una solución real, íbamos a votar a favor, pero no estábamos dispuestos a seguir hipotecando el sur de Chile.
¿Cómo han sido estos meses desde que asumió el nuevo Gobierno? ¿Has notado diferencias o han podido poner los temas sobre la mesa?
Hay que poner en perspectiva que estos meses han sido duros para todo Chile, en especial para el sector agrícola. El alza del petróleo nos pegó directo, pero también hay que considerar que estos meses son la cola de lo que vienen arrastrando los gobiernos anteriores.
Hemos estado con el presidente en dos ocasiones. Me recibió en La Moneda, en Santiago, donde pudimos conversar sobre el tema agrícola, sobre La Araucanía y los distintos desafíos y oportunidades que tenemos. Y el viernes pasado estuvimos en la gira del presidente por La Araucanía, instancia a la que también invitamos a otros gremios para exponerle nuestra visión.
La postura del presidente, sin duda, es bastante con los pies en la tierra: sabe que la situación es compleja. Pero también hay desafíos y oportunidades, y en esa reunión todos los gremios le planteamos que necesitamos potenciar La Araucanía, sacarnos el estigma de región violenta y que el Estado entregue la seguridad necesaria para que lleguen más inversiones en riego, energía eólica y turismo. Si seguimos en este círculo de violencia y falta de inversión, no vamos a salir nunca del estado de pobreza y atraso que tenemos respecto al resto de Chile.
Tienes contacto permanente con los agricultores en el día a día. ¿Cuál es el mensaje que necesitan transmitir en este momento?
Me he criado toda mi vida ligado al mundo agrícola. Mi padre fue agricultor, al igual que mi abuelo, así que crecí en el campo, aquí en Malleco. Lo que veo es que hay mucha expectativa con este Gobierno y con la región en general.
Los agricultores me dicen que están dispuestos a invertir, que creen que La Araucanía tiene condiciones espectaculares para seguir produciendo, pero que necesitan que el Estado empareje la cancha. Hoy, producto del alza de los fertilizantes y del petróleo, estamos pasando por una agricultura bastante dolida: el agricultor trabaja por amor a la tierra, pero cuando saca los números, estos no dan.
Aun así, me quedo con el mensaje de que la esperanza del sector agrícola sigue en pie. Somos súper resilientes: a pesar de todo lo que ha pasado en la región, uno conversa con cualquier agricultor y sigue pensando en plantar frutales, poner avellanos o buscar alternativas si no llega el riego. Aquí nadie está pidiendo subsidios, lo único que pedimos es cancha pareja, y nosotros estamos disponibles para ponernos a trabajar.
¿Cuáles son los objetivos del gremio en el corto plazo, mirando lo que queda de este año y el próximo?
En el corto plazo estamos muy enfocados en la defensa del sector rural como sector, no solo de los socios del gremio. Además, creemos que el mundo agrícola tiene un potencial enorme, y para desarrollarlo es necesario que exista una política agrícola clara, tanto para grano como para fruta.
Para eso, es sumamente importante que el Gobierno entienda la necesidad urgente de traer agua a la región. Uno pensaría que La Araucanía tiene mucha agua, pero Malleco ha ido bajando su pluviometría año a año, lo que ha llevado a varias comunas a una sequía profunda, con la pobreza y la falta de productividad que eso conlleva. Y la pobreza, sabemos, abre la puerta al terrorismo y al narcotráfico.
Tengo la convicción de que Malleco tiene un clima y suelos espectaculares para producir. Angol y Los Sauces tienen un microclima particular; Traiguén también podría desarrollar frutales con riego; y el sector precordillerano, con sus suelos trumaos, tiene muy buenas condiciones para los cereales. Las condiciones están, falta el empuje, y el sector agrícola va a estar disponible para ponerse la camiseta de este desafío.
¿Cómo ha estado la situación de ataques terroristas e incendios en los últimos meses? Muchas veces solo se conoce lo que llega a la prensa nacional.
Han mutado varias cosas. Al principio teníamos muchos ataques a infraestructura y asesinatos, algo que bajó con el estado de excepción y con el Plan Cosecha, que es básicamente un plan cuadrante para sacar los granos de los campos con apoyo de Carabineros y el Ejército. Pasamos de esos ataques directos a veranos con mucho fuego: hoy nos queman entre treinta mil y cuarenta mil hectáreas al año.
Como gremio hemos tenido que desarrollar una verdadera oficina de emergencia entre diciembre y marzo, coordinando cortafuegos, tractores y maquinaria junto a los equipos de emergencia y brigadistas en los COE comunales y provinciales, tratando de que el fuego no llegue a la siembra o la cosecha. Hemos llegado a tener veinte o treinta incendios al día en verano, una cifra que ningún equipo de emergencia logra cubrir del todo.
El estado de excepción y el Ejército han hecho un buen trabajo: hoy estamos mucho más tranquilos que hace cinco o seis años. Cuando asumí en el gremio, a las tres semanas mataron a un socio de un balazo en la cabeza; también mataron a un funcionario de la PDI y quemaron la casa de un agricultor. Espero que eso no vuelva a ocurrir, y para eso hay que ir a los problemas de fondo: entregar libertad al mundo indígena para que pueda desarrollarse y progresar. Los anuncios del presidente sobre el arriendo de tierras indígenas son fundamentales en esa línea.
Todavía quedan grupos organizados y narcotráfico dando vueltas en la zona. El estado de excepción cortó el tronco, pero la raíz del problema sigue ahí, y solo la vamos a sacar si el desarrollo llega a todos, no solo a los socios del gremio.
Por eso, el año pasado partimos con un plan piloto junto a CMPC, trabajando con todas las comunidades y juntas de vecinos aledañas a nuestros campos en la provincia de Malleco. Nos reunimos con todos los alcaldes de la provincia con una pregunta simple: ¿cuál es el problema que tiene y cómo cree que se puede solucionar? La respuesta, muchas veces, era la falta de contactos para que los pequeños agricultores puedan comercializar sus productos, algo que hoy tratamos de resolver como gremio.
También cometimos un error como agricultores: dada la inseguridad, nos encerramos en nuestros propios campos y no abrimos el portón. Hoy estamos tratando de cambiar eso. Tuvimos un sector donde nos prendían fuego varias veces al mes, hasta que un día organizamos un partido de fútbol con la comunidad, los pequeños parceleros, el gremio, CMPC y la municipalidad. Desde ese momento la relación empezó a cambiar. Este año vamos a replicar esa experiencia, porque estamos convencidos de que la única forma de sacar esto adelante es entre todos.
