La escasez de agua y el aumento de eventos climáticos extremos están cambiando la forma en que la agricultura gestiona este recurso. En este contexto, la gestión hídrica con apoyo de datos e inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la eficiencia del riego y reducir riesgos productivos.
Según la FAO, el uso de tecnologías digitales permite a los agricultores pasar de decisiones basadas en la intuición a decisiones informadas, apoyadas en datos reales del suelo, el clima y el estado de los cultivos. De este modo, es posible anticipar escenarios de déficit hídrico y optimizar el uso del agua disponible.
¿Cómo funciona la gestión hídrica con datos e IA?
En términos simples, este tipo de gestión combina distintas herramientas tecnológicas que trabajan de forma integrada.
Por un lado, sensores instalados en el campo miden variables como humedad del suelo y temperatura.
Además, imágenes satelitales y drones permiten detectar estrés hídrico y diferencias dentro de un mismo predio.
A partir de esta información, modelos de inteligencia artificial analizan los datos y generan recomendaciones prácticas. Por ejemplo, indican cuándo regar, cuánta agua aplicar y en qué sector del campo hacerlo. Como resultado, el riego se ajusta a la necesidad real del cultivo.
De acuerdo con la FAO, estos sistemas pueden reducir entre un 20 % y un 40 % el uso de agua, sin afectar los rendimientos productivos. En algunos casos, incluso permiten mejorar la producción en escenarios de sequía.
Una tendencia que crece a nivel global
Actualmente, países como Israel, España y Australia ya utilizan estas tecnologías de forma habitual. En estos territorios, la gestión hídrica inteligente ha permitido enfrentar mejor la escasez de agua y aumentar la eficiencia productiva.
Asimismo, estas soluciones facilitan la creación de sistemas de alerta temprana, apoyan la planificación del riego a largo plazo y entregan información útil para seguros agrícolas y políticas públicas. Por esta razón, la FAO destaca que la digitalización del agua será un pilar central de la agricultura del futuro.
La realidad de Chile frente al desafío hídrico
En Chile, la situación del agua es especialmente compleja. La zona centro y centro-sur ha enfrentado más de una década de sequía, lo que ha afectado de manera directa a frutales, cultivos anuales y sistemas ganaderos.
Frente a este escenario, la gestión hídrica con apoyo de datos ya no es opcional. En cuencas como Maipo, Aconcagua y Maule, mejorar la eficiencia del riego se ha vuelto una condición básica para mantener la actividad agrícola.
Durante los últimos años, el país ha avanzado en:
- sistemas de telemetría para canales y embalses,
- riego tecnificado con sensores de suelo,
- y plataformas digitales desarrolladas por universidades y startups AgTech.
Sin embargo, la adopción sigue siendo desigual. En especial, los pequeños y medianos agricultores enfrentan barreras de acceso, capacitación y financiamiento.
Recomendaciones para avanzar en Chile
A partir de la experiencia internacional y del contexto local, existen varias acciones prioritarias:
En primer lugar, avanzar desde el riego por calendario hacia el riego basado en datos reales.
Además, fortalecer la capacitación digital de los agricultores para que puedan usar estas herramientas de forma efectiva.
Por otra parte, integrar la gestión hídrica a nivel de cuenca, y no solo a nivel de predio.
Finalmente, facilitar instrumentos de apoyo que permitan acceder a tecnología, conectividad y asesoría técnica.
De esta manera, la tecnología puede transformarse en una aliada concreta para enfrentar la escasez de agua.
Una mirada hacia el futuro
La gestión hídrica con inteligencia artificial no solo ayuda a ahorrar agua. También permite reducir costos, mejorar la productividad y avanzar hacia una agricultura más sostenible. En el caso de Chile, acelerar esta transición será clave para asegurar la competitividad del sector y la seguridad alimentaria en los próximos años.
