Casos en Chile muestran que la transferencia funciona cuando la ciencia pisa el terreno
“¿Esto sirve realmente en el campo?” es una de las preguntas más frecuentes que se escucha cuando se habla de universidades, estudios o investigación agrícola. Durante años, muchos agricultores han sentido que el conocimiento académico avanza en paralelo a la realidad productiva. Sin embargo, experiencias recientes en Chile demuestran que la academia sí puede ser útil para el campo, cuando la transferencia de conocimientos se diseña desde el territorio y con foco práctico.
Hoy, el debate ya no es si la academia y el campo son compatibles, sino cómo lograr que el conocimiento se transforme en decisiones productivas reales.
Transferencia de conocimientos en el agro: del papel al predio
La transferencia de conocimientos en el agro no ocurre en una sala de clases. Ocurre cuando una recomendación técnica se prueba en el predio, se ajusta a las condiciones reales y acompaña al agricultor en su implementación.
En Chile, este enfoque ha dado paso a modelos de extensionismo agrícola, donde universidades, programas regionales y equipos técnicos trabajan directamente en terreno, reduciendo la brecha entre ciencia y producción.
Thinkagro: cuando la universidad sale al campo
Un ejemplo concreto es Thinkagro, el Centro de Extensionismo Tecnológico de la Universidad de Talca, que lleva la innovación directamente a agricultores y pymes agroalimentarias.
Su trabajo no parte desde la teoría, sino desde el diagnóstico en terreno. A partir de ahí, el equipo acompaña a los productores en:
- incorporación de tecnologías digitales,
- mejora de procesos productivos,
- uso de datos para la toma de decisiones,
- y evaluación del impacto real en el negocio agrícola.
Este modelo permite que el agricultor vea resultados concretos y adopte tecnología con menor riesgo.
Fruticultura Sustentable en Valparaíso: conocimiento adaptado al territorio
Otro caso que genera impacto directo es el Programa de Fruticultura Sustentable de la Región de Valparaíso, iniciativa enfocada en acompañar a productores frutícolas en la transición hacia sistemas más sostenibles.
El programa trabaja en terreno con agricultores para mejorar:
- eficiencia en el uso del agua,
- manejo de suelos y cultivos,
- adaptación al cambio climático,
- y sostenibilidad productiva.
Las capacitaciones se realizan en predios, con demostraciones prácticas y asesoría continua, lo que facilita la adopción real del conocimiento técnico.
¿Por qué estos modelos sí funcionan?
La diferencia está en el enfoque. En estos casos:
- el agricultor participa activamente,
- el conocimiento se adapta a su realidad,
- los resultados se miden en terreno,
- y la relación es de acompañamiento, no de imposición técnica.
Así, la academia deja de ser un actor lejano y se transforma en un socio estratégico del productor.
Lo que aún falta por mejorar
Pese a estos avances, la transferencia de conocimientos en el agro sigue enfrentando desafíos. No todos los territorios cuentan con programas de extensionismo y muchos agricultores aún no acceden a asesoría especializada.
Además, sigue siendo clave traducir el lenguaje técnico a soluciones claras, simples y aplicables dentro de una temporada agrícola.
Cuando la ciencia se vuelve herramienta productiva
Los casos de Thinkagro y del Programa de Fruticultura Sustentable de Valparaíso muestran que la academia sí sirve en el campo, siempre que el conocimiento se construya con el agricultor y no solo para él.
Más que producir más estudios, el desafío del agro chileno está en hacer que el conocimiento llegue al predio, genere confianza y mejore decisiones productivas.
