El precio internacional del petróleo volvió a encender las alarmas tras un nuevo endurecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Luego de las declaraciones de Donald Trump, el mercado reaccionó con fuerza y el crudo registró una de sus mayores alzas diarias de los últimos años, un movimiento que vuelve a poner presión sobre las bencinas, la inflación y los costos logísticos en países importadores como Chile.
Un salto brusco del petróleo sacude a los mercados
El jueves 2 de abril, el petróleo reaccionó con fuerza después de que Trump señalara que Estados Unidos intensificaría sus ataques sobre Irán. En ese contexto, el Brent cerró en US$109,03 por barril y el WTI en US$111,54, con alzas diarias cercanas a 8% y 11%, respectivamente. Reuters señaló que fue el mayor salto absoluto del WTI desde 2020.
La tensión no responde solo a los dichos del mandatario estadounidense. El verdadero factor de fondo es el riesgo de una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el mundo. Reuters advirtió que la falta de claridad sobre su reapertura elevó el nerviosismo del mercado y reforzó la prima de riesgo sobre el crudo.
El mercado ya mira un escenario más duro
El impacto podría no quedar en un rebote puntual. J.P. Morgan advirtió que el petróleo podría ubicarse entre US$120 y US$130 en el corto plazo, e incluso superar los US$150 por barril si las disrupciones en Ormuz se extienden hasta mediados de mayo. El banco agregó que, si los precios altos persisten, el riesgo macroeconómico crecería y podría traducirse en menor demanda y una desaceleración más severa.
Eso cambia el tono de la discusión. Ya no se trata solo de un shock geopolítico momentáneo, sino de un evento con potencial de contaminar el resto de la economía global: transporte más caro, mayores costos energéticos, presión inflacionaria y un escenario más complejo para países dependientes de la importación de combustibles.
¿Qué puede pasar con las bencinas en Chile?
En Chile, la evolución de los combustibles no depende únicamente del precio internacional del petróleo. También influyen el tipo de cambio y los mecanismos de estabilización vigentes. En una nota publicada el 1 de abril, 24 Horas recogió el análisis de Ignacio Mieres, de XTB, quien planteó que un eventual cierre del conflicto podría abrir espacio para bajas graduales en las bencinas, especialmente si el dólar se debilita y el peso chileno gana fuerza.
Pero el escenario cambió rápido. Con el nuevo repunte del Brent tras el discurso de Trump, 24 Horas volvió a reportar que el mercado del petróleo quedó bajo nueva presión, llevando el barril a un peak de US$109 ese jueves.
En otras palabras, el alivio que algunos analistas anticipaban quedó en suspenso. Hoy el riesgo para Chile vuelve a apuntar hacia mayores costos de importación y, por tanto, a una presión renovada sobre las bencinas en las próximas semanas, aunque el traspaso no necesariamente será inmediato ni total.
MEPCO amortigua, pero no borra el problema
Chile cuenta con el MEPCO, un mecanismo que ajusta el impuesto específico a los combustibles para suavizar las variaciones de precios. El Ministerio de Hacienda explica que este sistema opera precisamente a través de incrementos o rebajas del componente variable del impuesto específico.
Además, ENAP ya publicó su informe semanal de precios para el período 2 al 8 de abril de 2026, lo que confirma que el mercado local sigue monitoreando semana a semana los efectos del escenario internacional.
Esto significa que Chile tiene una red de contención. Pero no una coraza total. Si el petróleo permanece elevado por más tiempo, el mecanismo puede amortiguar la volatilidad, aunque no eliminar el impacto estructural de un crudo persistentemente caro.
El golpe va más allá del estanque
Cuando sube el petróleo, no solo suben las bencinas. También aumentan los costos logísticos, el transporte de carga, la operación de maquinaria y el valor de insumos que dependen de energía o derivados del crudo. Para una economía abierta y altamente expuesta al comercio exterior como la chilena, ese efecto puede sentirse en cadena.
Y ahí aparece una derivada especialmente sensible para el sector agroalimentario. El agro depende del transporte terrestre, del diésel para maquinaria, del movimiento de fruta e insumos, y de cadenas logísticas que pueden resentirse cuando el combustible sube. En plena discusión sobre competitividad, esta crisis vuelve a recordar que la energía y la logística siguen siendo variables decisivas para la rentabilidad del sector.
Una crisis externa que vuelve a tocar la puerta
Lo ocurrido esta semana confirma algo incómodo para Chile: aunque esté lejos del conflicto, no está lejos de sus consecuencias. El país puede no participar en la guerra, pero sí paga parte de la factura cuando el petróleo se dispara.
Si el conflicto se descomprime, el mercado podría corregir. Pero si la tensión persiste y el estrecho de Ormuz sigue bajo amenaza, el petróleo podría mantenerse en niveles altos por más tiempo. Y en ese escenario, las bencinas, los costos productivos y la inflación volverán a estar bajo presión.
