Más allá del 2,5% de expansión en 2025, autoridades advierten que la economía chilena sigue sin recuperar dinamismo, en un contexto de bajo crecimiento sostenido, ajuste fiscal y alta incertidumbre.

El crecimiento del 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025 confirmó las proyecciones del mercado, pero no logró cambiar el diagnóstico que hoy comienza a instalarse con fuerza desde el propio Gobierno: la economía chilena no está creciendo lo suficiente.

Las palabras del subsecretario de Hacienda fueron directas y marcaron un punto de inflexión en la lectura del escenario económico. Más que celebrar el dato, la autoridad puso el foco en lo estructural: Chile lleva más de una década creciendo a un ritmo que no alcanza para sostener el desarrollo del país.

Detrás de la cifra, lo que aparece es una tendencia. Un crecimiento promedio cercano al 2% en los últimos años, lejos de los niveles que históricamente permitieron expandir inversión, empleo y productividad.

Una economía que avanza, pero sin impulso

La fotografía actual muestra una economía que logra sostenerse, pero sin tracción suficiente para despegar.

El crecimiento de 2025 estuvo impulsado por una recuperación acotada de la demanda interna y ciertos repuntes en inversión, pero no alcanza a configurar un ciclo expansivo robusto. Más bien, confirma un escenario de “crecimiento moderado persistente”.

Este fenómeno no es exclusivo de Chile, pero en el caso local se ve acentuado por factores estructurales: menor inversión, pérdida de productividad y un entorno de mayor incertidumbre tanto interna como externa.

El giro del discurso económico

Lo más relevante no es solo el dato, sino el cambio en el tono.

Desde el Gobierno, el mensaje comienza a moverse desde la estabilidad hacia la necesidad urgente de crecimiento. Se instala así una nueva etapa en la discusión económica: cómo recuperar el dinamismo sin perder el equilibrio fiscal.

En paralelo, el país enfrenta un escenario exigente. Ajustes en el gasto público, presiones sobre las cuentas fiscales y un contexto internacional marcado por inflación persistente y tensiones geopolíticas.

En este marco, variables como la inversión, la confianza empresarial y la certeza regulatoria vuelven a posicionarse en el centro del debate.

Un nuevo escenario para el desarrollo productivo

El crecimiento económico deja de ser solo un indicador y pasa a ser una señal de alerta.

Cuando una economía crece de forma sostenida por debajo de su potencial, no solo se limita la expansión de los sectores productivos, sino también la capacidad del país para generar oportunidades, innovación y desarrollo territorial.

Este escenario obliga a repensar el modelo de crecimiento, poniendo foco en sectores estratégicos capaces de traccionar la economía en un contexto más desafiante.

El agro: de sector productivo a actor estratégico

En este contexto, el sector agrícola adquiere un rol distinto.

En una economía que crece poco, los sectores exportadores ganan protagonismo. El agro, con su fuerte orientación internacional, se posiciona como uno de los pilares capaces de sostener el dinamismo económico del país.

Sin embargo, el desafío es mayor. No basta con exportar más.

El escenario actual exige un agro más eficiente, más tecnológico y más competitivo, capaz de enfrentar mercados exigentes y costos crecientes en un entorno económico menos favorable.

Así, el bajo crecimiento no solo tensiona al sector, sino que también lo empuja a evolucionar.


Porque hoy, más que celebrar cifras en línea con lo esperado, la discusión de fondo es otra: cómo volver a crecer como país en un escenario que dejó de ser transitorio y comienza a parecer estructural.