Chile vivió en julio uno de los meses más lluviosos de las últimas décadas, con un tren ininterrumpido de sistemas frontales que dejó récords históricos de precipitación, estado de catástrofe en dos regiones y daños concretos en la agricultura. Con el país entrando a agosto bajo la influencia de El Niño, la pregunta que ronda al sector productivo es si el patrón lluvioso seguirá golpeando los cultivos o si viene una tregua.

Julio, un mes de récords

Desde el miércoles 15 de julio, un río atmosférico activo encadenó al menos tres sistemas frontales consecutivos hasta el sábado 18. Los pronósticos de esos días proyectaban nuevos pulsos hasta el viernes 24, y la inestabilidad efectivamente se mantuvo hasta el cierre del mes, con un frente adicional confirmado entre el jueves 30 de julio y el sábado 1 de agosto que dejó hasta 80 mm de lluvia y ráfagas de hasta 70 km/h en el centro y sur del país.

Los acumulados de lluvia entre el 15 y el 20 de julio ya dibujaban un panorama extraordinario de norte a sur:

  • Norte Chico (Atacama y Coquimbo): montos que superaron los 100 mm en varias localidades, llegando en algunos puntos de la Región de Coquimbo a cerca de 270 mm acumulados, un volumen equivalente a varios años de lluvia normal en una zona semiárida.
  • Zona Central (Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule): más de 250 mm acumulados en distintas localidades, con Santiago batiendo un récord histórico en 48 horas.
  • Sur: en la estación Pichoy (Valdivia), la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) registró 849,8 mm caídos solo en julio, superando el récord que tenía el mismo mes en 1978, con 591 mm.

La magnitud del evento llevó al Gobierno a decretar estado de catástrofe en Coquimbo y en la provincia del Huasco, además de emergencia en un total de diez regiones del país. Senapred también declaró Alerta Roja en la comuna de San Pablo por el aumento del caudal del río Bueno.

Los daños que ya dejó julio en el agro

El impacto en el sector agropecuario no fue solo por exceso de agua, sino también por viento. En la zona centro, que va desde Coquimbo hasta O’Higgins, las fuertes ráfagas provocaron una caída masiva de fruta directamente desde los árboles, golpeando con fuerza a cultivos como los paltos.

En el norte, sectores como Huasco, Alto del Carmen e Illapel sufrieron un impacto agravado por la menor preparación frente a este tipo de eventos: la activación de quebradas y la crecida abrupta de ríos inundó sembradíos, y en Illapel las ráfagas de viento volaron techos de galpones, arruinando el alimento almacenado y dejando al ganado caprino sin sustento.

El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, señaló que el evento afectó con fuerza a la agricultura familiar campesina, en particular en la región de Ñuble, la zona que calificó como la parte más complicada del frente de mal tiempo. Walker también advirtió sobre el retroceso estructural en la superficie regada del país, que bajó de 1,3 millones a 900 mil hectáreas, mientras competidores como Perú han invertido US$24.000 millones para proyectarse a 2,6 millones de hectáreas de riego.

Según Walker, aunque el frente de julio golpeó principalmente la infraestructura y la cosecha de invierno —donde destacan cítricos y paltas—, la verdadera amenaza para la fruticultura de exportación llegaría más adelante, en el llamado “estado de pinta”: el momento en que la fruta comienza a tomar color y acumular azúcar. Si llueve en esa etapa, frutos delicados como cerezas, nectarinas, duraznos, ciruelas y uva de mesa pueden partirse, arruinando la cosecha.

El Niño, el factor detrás de todo

Este comportamiento lluvioso no es casual. La Dirección Meteorológica de Chile confirmó que El Niño está establecido y podría seguir influyendo en el comportamiento de las precipitaciones durante agosto. Especialistas del INIA Quilamapu han advertido que uno de los efectos más relevantes de este fenómeno es la alteración en la acumulación de frío invernal, un factor determinante para que especies de hoja caduca —como cerezos y otros carozos— completen bien su ciclo de reposo. Cuando el árbol no logra ese “descanso” frío necesario, despierta de forma pareja: algunas yemas brotan antes que otras, las flores no se abren al mismo tiempo y baja la eficacia con la que las abejas y el viento logran polinizarlas, lo que termina afectando cuánta fruta cuaja, cuánta carga logra el árbol y el rendimiento final del huerto.

Qué se espera para agosto

Según el modelo ECMWF, recogido por Meteored, agosto tendrá lluvias sobre el promedio en el centro, norte y sur del país, aunque en volúmenes menores a los de julio. El agroclimatólogo de la Universidad de Talca, Patricio González Colville, ha señalado que los riesgos de sistemas frontales activos siguen siendo altos entre Copiapó y La Araucanía, por lo que recomienda mantener las alertas meteorológicas.

El calendario de corto plazo ya muestra movimiento: la primera semana de agosto llegó con lluvias débiles entre la Metropolitana y el Maule, y para el miércoles 5 de agosto se espera el ingreso de un nuevo sistema frontal desde el sur, con precipitaciones principalmente en Biobío y Maule, que alcanzarían la Región Metropolitana el jueves 6. En la cordillera y precordillera se esperan chubascos de nieve, con la isoterma cero entre los 2.000 y 2.300 metros.

Según el propio González Colville, en la segunda mitad de agosto el núcleo de lluvias más intenso debería concentrarse entre Coquimbo y Ñuble, aunque no descarta que las precipitaciones sobre lo normal se extiendan incluso hacia el Norte Grande, zona que hasta ahora había quedado al margen de los temporales de este invierno. La zona austral, en cambio, quedaría fuera del alcance de los frentes. Por separado, Meteored también proyecta que la condición favorable a las lluvias podría extenderse hacia el norte del país más de lo que se ha visto hasta ahora.

Los riesgos que vienen para el agro

El principal problema no es solo la cantidad de lluvia que pueda caer en agosto, sino la condición de los suelos, que llegan a este mes prácticamente saturados tras julio. Con la capacidad de infiltración reducida en gran parte del país, incluso precipitaciones moderadas podrían volver a generar anegamientos, desbordes de cauces y remociones en masa.

Para el sector productivo, las recomendaciones de organismos como la SNA, la Red Agrometeorológica del INIA y la propia DMC apuntan a:

  • Verificar el estado de canales de drenaje, acequias y compuertas antes del ingreso de nuevas lluvias.
  • Asegurar la infraestructura de bodegas, galpones y establos ante eventuales ráfagas de viento.
  • Seguir de cerca los avisos de la DMC y las alertas tempranas preventivas de Senapred.

De cara a la primavera, especialistas ya proyectan un riesgo adicional para septiembre, octubre y noviembre: episodios de aire frío entre Coquimbo y la Metropolitana que podrían generar heladas durante la floración, la etapa fenológica más determinante para el potencial productivo de la temporada frutícola.

por José Rios