En medio de un escenario económico aún frágil, el optimismo del Gobierno sobre la aparición de “brotes verdes” en la economía chilena comienza a generar debate entre expertos. Mientras desde el Ejecutivo se destacan señales de recuperación, diversos economistas advierten que los fundamentos siguen siendo débiles y que el crecimiento proyectado para 2026 continúa siendo limitado.
Un crecimiento que no logra despegar
De acuerdo con el análisis del economista Jorge Quiroz, las señales positivas que se han observado recientemente no son suficientes para hablar de una reactivación sólida. Según explicó, el impulso de la economía “no es bueno”, considerando que durante el segundo semestre de 2025 el país creció apenas un 1,7% y ha registrado dos Imacec negativos consecutivos.
A esto se suma un contexto internacional complejo, marcado por tensiones geopolíticas —como el conflicto en Medio Oriente— que han afectado las proyecciones globales. En consecuencia, el crecimiento esperado para Chile en 2026 se ajusta a un techo cercano al 2,5%, muy por debajo de niveles históricos.
“Brotes verdes”: ¿realidad o exceso de optimismo?
El concepto de “brotes verdes” ha sido utilizado para describir señales tempranas de recuperación económica. Sin embargo, varios economistas coinciden en que estas señales aún no constituyen una tendencia consolidada.
El debate no es menor. Chile arrastra años de bajo dinamismo, con un crecimiento tendencial cercano al 2% para la próxima década, lo que refleja un problema estructural más profundo en productividad e inversión.
En este contexto, algunos analistas advierten que interpretar ciertos indicadores positivos como un cambio de ciclo podría generar expectativas poco realistas en el corto plazo.
Las claves pendientes: inversión, regulación y confianza
Más allá de las cifras coyunturales, el foco del debate está puesto en los factores estructurales que limitan el crecimiento. Entre ellos, expertos destacan:
- Baja inversión privada
- Exceso de permisología y trabas regulatorias
- Incertidumbre política y económica
De hecho, distintos análisis coinciden en que la reactivación dependerá de medidas concretas que impulsen la inversión y mejoren el entorno para las empresas, más que de señales aisladas.
En esa línea, el Gobierno ha planteado una agenda económica que incluye reformas tributarias, ajustes fiscales y simplificación regulatoria, buscando recuperar el crecimiento y el empleo en los próximos años.
Un escenario aún en construcción
Aunque desde el Ejecutivo se insiste en que la reactivación comenzará a sentirse hacia fines de año, el diagnóstico entre economistas sigue siendo cauteloso. La economía chilena muestra señales mixtas: pequeños avances en algunos indicadores, pero sin un cambio estructural claro.
En este contexto, el verdadero desafío no está solo en identificar “brotes verdes”, sino en transformar esas señales en un crecimiento sostenido, capaz de recuperar la confianza y dinamizar la inversión.
